TRATAMIENTOS CONTRA LA HEROINA Y OPIACEOS

 

Tratamiento de heroína sin ansia de consumo y sin síntomas de abstinencia

Tratamientos contra la heroina

Aunque el abuso de heroína tiende a disminuir en los últimos años, su prevalencia es aún más alta que en los primeros años de la década de 1990.

Actualmente, la heroína es una de las drogas que más consultas motiva en los servicios sanitarios y la que genera mayor morbi-mortalidad. Por otro lado, si bien ha disminuido el consumo por vía endovenosa de heroína, se ha encontrado que en la actualidad hay abuso de heroína entre jóvenes en edad escolar que han cambiado la forma de consumo.

Ahora, más que inyectarse, la heroína se inhala o se fuma, por la errónea creencia de que así no se llega a la adicción, cuando en realidad son los efectos bioquímicos de los narcóticos, como la heroína, los que hacen a esta droga altamente adictiva, sea cual sea su vía de consumo.

Videos de tratamientos contra la heroina Regeneración neuronal en los
tratamientos contra la heroína

Desintoxicación de la adicción a la heroína (opiáceos)

La adicción a la heroína es un problema de salud muy grave que sin embargo no siempre recibe tratamientos contra la heroina , con las consiguientes consecuencias en la salud de los adictos, el sufrimiento en su entorno familiar y social, los riesgos en los ambientes educativos y juveniles, la violencia asociada, o los costes en salud pública por las enfermedades relacionadas con la adicción.

En muchos casos la ausencia de tratamientos contra la heroína y opiáceos se debe a concepciones erróneas sobre lo que la adicción es. Todavía para mucha gente la adicción a la heroína es una cuestión de decisión personal, es decir, el adicto lo sería porque quiere consumir mucha droga, o es un asunto de falta de carácter, y así el adicto no deja de consumir heroína porque no tiene fuerza de voluntad. Detrás de estas concepciones está la creencia de que abandonar la adicción a sustancias químicas está enteramente en las manos (en la voluntad) de la persona adicta.

Pero la realidad es que la adicción, más allá de la decisión y la voluntad personal. Ya está captado científicamente que es una enfermedad, que escapa al control del adicto. Porque con el consumo elevado o prolongado de heroína, el cerebro experimenta cambios bioquímicos que modifican los comportamientos, pensamientos y sentimientos del consumidor, y que producen, entre otros efectos, un deseo compulsivo e incontrolable de consumir heroína. Esto implica que el adicto difícilmente puede controlar ese deseo, debido a los daños cerebrales producidos por la droga. Además, el adicto pierde, usualmente, la capacidad para autoevaluar los daños que el consumo le está provocando y para dirigir su conducta hacia el abandono de la heroína.

Por tanto, la adicción es una enfermedad cerebral. Una enfermedad que se puede tratar y de la que hay recuperación. Hoy en día, gracias a las investigaciones y las nuevas tecnologías, cada vez se sabe más acerca de cómo actúa la heroína en el cerebro y los efectos que produce, lo que permite desarrollar tratamientos y fármacos adecuados para que el adicto recupere el control de su vida.

El tratamiento de desintoxicación de heroína (Opiáceos) comienza con un diagnóstico que comprende la evaluación de los factores biológicos, sociales y psicológicos que interactúan en la enfermedad de cada persona, y que implica exámenes y análisis médicos y psicológicos. Tras el diagnóstico y el diseño del proceso a seguir, el tratamiento implica una desintoxicación ultrarrápida.

Pero aquí es importante señalar que la desintoxicación se puede entender de diversas maneras. En los tratamientos tradicionales, la desintoxicación se centra en el control de los síntomas más evidentes de la adicción, esto es, en el control del síndrome de abstinencia. Según esta concepción, tratar la adicción a la heroína significa ante todo limpiar el organismo de la droga. Sin embargo la desintoxicación, tal y como se entiende en tratamientos avanzados, implica no sólo la eliminación de los síntomas de la abstinencia, sino también, y de manera fundamental, la recuperación de los daños cerebrales causados por la droga, y de las funciones cognitivas y afectivas que han sufrido alteraciones. Desde esta segunda concepción, más que hablar de desintoxicación, implica hablar de un procedimiento denominado neurorregulación, es decir, tratar la adicción a la heroína significa no solo limpiar el organismo sino, y por sobre todo, reparar los daños cerebrales que esta adicción ha causado en el tejido cerebral.

Estas dos maneras de entender la recuperación de la adicción se pueden ejemplificar así. Cuando una persona se rompe un hueso, es decir, sufre una fractura, se puede tratar el dolor, hacer que desaparezca, pero eso no quiere decir que se haya curado si el hueso no es reparado para que recupere su funcionalidad.

Esto no quiere decir que no sea importante tratar los síntomas de la abstinencia cuando se deja de consumir heroína, ya que de hecho el síndrome de abstinencia es un reto y un obstáculo para la recuperación de la adicción. Un síndrome que ocurre porque el organismo se ha acostumbrado a la presencia de la heroína (se ha vuelto dependiente) y el cerebro deja de producir las sustancias químicas naturales que la droga reemplaza, como las endorfinas, las encefalinas y las dinorfinas. Es decir, el organismo depende de la heroína para funcionar “normalmente”, y por eso, cuando se deja de consumir dicha droga después de un tiempo prolongado de consumo, el organismo ya no cuenta, ni con las sustancias químicas naturales que ha dejado de producir, ni con el sustituto químico que supone la heroína, y por eso sufre alteraciones. Unas alteraciones que se experimentan como síntomas opuestos a los efectos de la droga, con gran malestar, y que sólo desaparecen, si no hay tratamiento adecuado, cuando se vuelve a consumir heroína. De hecho, el síndrome de abstinencia se convierte en el principal miedo cuando se quiere abandonar el consumo de droga, así como en el principal riesgo de recaída, por la necesidad de aliviar el malestar que produce dicha abstinencia.

Más allá de la desintoxicación heroína: La Recuperación Neuronal en el Tratamiento contra la Heroína (opiáceos)

Pero más allá de la desintoxicación o retirada de la heroína del organismo, es necesario recuperar las zonas del cerebro que han sido dañadas por la adicción, es decir, es necesario que haya una neuroadaptación. Porque los métodos “tradicionales” de desintoxicación sirven para limpiar el organismo controlando los síntomas de la abstinencia, pero no restauran esas zonas cerebrales en las que la droga ha causado cambios neuroquímicos, como por ejemplo el área de la analgesia, con el riesgo adicional de que este tipo de desintoxicaciones puede enmascarar los síntomas de daño cerebral.

Esta recuperación neuronal se hace hoy en día por medio de una avanzada intervención farmacológica llevada a cabo por profesionales de la medicina y la enfermería y con un control continuo del paciente en un entorno hospitalario. Mediante el procedimiento de neuroadaptación, se actúa en los receptores cerebrales, y en sistemas y estructuras donde la heroína a ejercido su influencia, como el locus coeruleos, el área ventral tegmental o el sistema adrenérgico. Estas áreas están asociadas también con el síndrome de abstinencia, por lo que al intervenir en la recuperación de estas áreas, se previene la aparición de los síntomas de abstinencia. Así, por un lado, la recuperación de las estructuras cerebrales permite la eliminación de los síntomas de abstinencia y permite que desaparezca el ansia de consumo y el deseo irrefrenable de consumir heroína. Y por otro lado, esta intervención, al recuperar las funciones cerebrales alteradas por la droga, hace que se restauren procesos avanzados de cognición y afectividad, como la capacidad de atención, la capacidad para leer, la conciencia o la serenidad.

Bajo estas condiciones, el tratamiento de la adicción a la heroína tiene varios logros inmediatos: proporciona un abandono seguro, bajo control médico, de la adicción; permite una abstinencia sin síndrome, es decir, sin sufrimiento; recupera en el paciente procesos cognitivos y afectivos que habían sido alterados; y permite que el paciente tenga una buena disposición, por no haber pasado por un tratamiento con el malestar de la abstinencia, para tomar el control de una vida libre de heroína.

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